
Reparte Nezahualcóyotl nostalgia, poesía, crítica y humor
Estrena obra Juliana Faesler en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón
Rey Poeta, billete, sala de conciertos y ciudad, las evocaciones
Por Pablo Saldaña
México (Aunam). El escenario emulaba al Espacio Escultórico de Ciudad Universitaria, la sala poco a poco quedaba en penumbras y unas tonalidades carmesí invadían la vista. Era un viaje al pasado prehispánico, pero también a nuestra realidad y a los alucines suburbanos: Nezahualcóyotl, en todas sus formas, se hizo presente.
El Rey Poeta tomaría forma, nos contaría su infancia y la trágica muerte de su padre, sus aventuras para ocupar el trono de Texcoco, gobernar con justicia, su poesía y morir luego de varias tragedias familiares; todo con una ambientación sonora que hacía imaginar el contexto natural de aquella época y gran vistosidad en el vestuario.
Quien escribiera “Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces. Amo el color del jade y el exquisito perfume de las flores. Pero amo más a mi hermano: el hombre”, sería el tema de esta emotiva puesta en escena. Pero no sólo él, y quizá sólo él.
La obra escrita y dirigida por Juliana Faesler, Nezahualcóyotl, ecuación escénica de memoria y tiempos, va más allá y habla de las evocaciones que hoy en día tiene el nombre de quien contruyera el primer acueducto para la Ciudad de México. Uno a uno pasaron acontecimientos por todos conocidos con un toque de sátira, drama y “pasón”.
Entonces apareció ante el público la historia de “Neza York”, desde los tiempos lacustres hasta los terregales y el regreso forzoso del artificial lago vía civilización o inundación desmedida. “Minezota”, otro de los muchos nombres de Ciudad Neza, nos hablaría de miedo, inseguridad, pobreza, muerte; mezclados con multiculturalidad, colorido y fiesta.
A bordo de un "chimeco”, los cinco actores, quienes dan vida a millones de personajes a lo largo de la obra, enseñan el lado humano de una ciudad perdida, con todos los matices que el humano mismo tiene. Clarissa Malheiros, Diana Fidelia, Natyeli Flores, Roldán Ramírez y Alam Sarmiento derrochan entusiasmo durante 90 minutos en los que, gracias a ellos, no cabe la distracción o el aburrimiento.
Nezahualcóyotl es un relato de lo que fuimos y somos, con respaldo en una investigación histórica seria y la cosmovisión mesoamericana como punto de partida. Hay globos, trajes estrafalarios, calaveras parlanchinas y hasta un muñeco de acción que representa al poeta chichimeca.
El público pasa del asombro al suspenso y de la observación sería a la risa abierta fácilmente; las sonrisas, en particular, llegan cuando, utilizando las referencias históricas del rey texcocano, se alude a la actualidad política y social de un país que añora tiempos pasados. Sobre todo cuando se descubre que el hijo de Ixtlixóchitl era científico, filósofo, artista y gustaba del buen gobierno.
La música que rodea este viaje hacia el interior del ser mexicano fue compuesta por Bishop y Jesús Delgado utilizando instrumentos autóctonos y mezclas digitales que dan como resultado un buen trabajo sonoro.
El vestuario también fue especialmente diseñado para la puesta en escena por Edyta Rzewuska, quien utilizó materiales orgánicos y reciclados que sin duda logran un impacto visual efectivo por su similitud con lo fantasioso y lo cotidiano.
Todo se engloba en una original forma de contar una biografía entrelazada con las posibilidades que llegan a la mente al escuchar “Nezahualcóyotl”. Seguramente por eso los comentarios de los asistentes, al final de la obra, son positivos, con promesa de recomendación incluida.
Nezahualcóyotl, ecuación escénica de memoria y tiempos se presenta en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón del Centro Cultural Universitario los días jueves y viernes a las 20:00 horas; sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00; hasta el ocho de junio. Una obra que no debe perderse ni olvidar: “Aunque sea jade se quiebra, aunque sea oro se rompe, aunque sea plumaje de quetzal se desgarra... no para siempre en la tierra: solo un poco aquí”.
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