Horizontes Imaginarios ¿Cómo llegamos aquí?
Luz Emilia Aguilar Zinser
En el panorama del teatro mexicano actual, que en su diversidad muestra un franja extensa y vistosa de puestas en escena producidas con refinamiento visual y seductores efectos de producción, pero en las que campea una pobreza de contenido, una vanalidad que apabulla, la presencia de Nezahualcóyotl, ecuación escénica de memoria y tiempos, de Juliana Faesler, anima el corazón y estimula el entendimiento. La directora de la Compañía La Máquina de Teatro emprende un recorrido de reflexiones, investigación histórica y reconocimiento del presente, para hacer de la paradoja encerada en el vocablo Nezahualcóytl una memorable experiencia teatral.
La voz Nezahualcóyotl nos remite al gobernante de Texcoco, hijo de Ixtlixóchitl y padre de Nezahualpilli, y quien quedó huérfano en la adolescencia, anduvo perseguido y errante en luchas intestinas y reconquistó el poder que le correspondía. Nezahualcóyolt, que vivió de 1402 y 1472, llega a nuestra olvidadiza memoria colectiva como un héroe constructor, protector de la naturaleza, que ejerció el poder con generosidad y justicia. Pero el vocablo Nezahualcóyotl nos lleva a la vez a una zona marginada de la ciudad de México, que representa lo contrario de las bondades del gran poeta de Texcoco y en cuya miseria vemos desplegada hoy la aterradora degradación de nuestros valores colectivos, la estupidez y podredumbre del ejercicio del gobierno que ha marcado la historia de México del último siglo, que hunde a las mayorías en una desgarradora humillación y falta de esperanzas.
Entre el universo prehispánico y los mexicanos de hoy media un abismo de incomprensión y desconocimiento que parecen irremontables. Si bien los españoles no acabaron con la población que hallaron en estas tierras, exterminaron su cultura: destruyeron documentos, templos, casi todo vestigio de la organización y la historia de esos pueblos.
Ha sido una tarea arriesgada indagar en esas raíces desde el teatro. Los intentos suelen derivar, casi sin remedio en extraños resultados, entre lo acartonado y lo folklórico. Es inquietante la imposibildad de representar ese pasado. Para su temeraria aventura de volver a pisar esos territorios agrestes, Faesler partió de una minuciosa investigación en lo que se sabe y se ha especulado del legendario Nezahualcóyotl, de quien narra su vida en el arranque de su puesta en escena, intento que nos pone a los espectadores en el titubeo frente entrar y no a la ficción y nos enfrenta a la distancia, la complejidad de recordar esa serie de nombres, hechos y situaciones de los poderosos en el siglo XV en la cuenca donde ahora se asienta nuestra ciudad. Pronto da un vuelco y va introduciendo crecientes dosis de presente, con alusiones de filoso sentido crítico, ironía, y un audaz humor, que arranca las carcajadas del público mientras clava dolorosas espinas en su conciencia y en su corazón.
La puesta en escena ofrece un sobrio y seductor universo de luz, texturas y formas, en diseño de Juliana Faesler, con vestuario de Edyta Rzewuska, en que la historia se despliega con la libertad, el salto de imágenes, personajes, atmósferas y situaciones de un sueño. Con el avance de la obra el espectador se va haciendo cómplice de las convenciones teatrales que propone la directora, de las palabras y acciones de un texto organizado por ella misma en colaboración con la compañía. Los actores Clarissa Malheiros, Diana Fidelia, Roldán Ramírez, Nayeli Flores y Alam Sarmiento, pasan en un suspiro de uno a otro personaje, encallando por un momento, de manera deliberada en su propia identidad, en un eficiente desempeño, en el que juega un papel importante el lenguaje corporal.
Al terminar la función quedé invadida por una mezcla de felicidad y tristeza. Felicidad por haber presenciado el más logrado trabajo teatral, un salto, síntesis de sus afanes y esfuerzos, de una mujer de teatro a la que he observado, desde la butaca, en su apasionada búsqueda, a lo largo de más de diez años, por plantear importantes preguntas, conjugar un lenguaje estético y hacer del escenario un espacio de juego y lucidez. Me sentí triste por reconocerme parte de una realidad nacional que en su insensatez nos pone frente a la abismo y clava la angustiosa pregunta: ¿Cómo hemos llegado aquí? ¿Cómo hacer para darle un cauce más esperanzador a nuestro camino?
Entre las ofertas de la cartelera hoy, esta obra, que corre temporada de jueves a domingo en el teatro Juan Ruiz de Alarcón, es sin duda una de las mejores opciones.
Nuevo Exelsior