TEATRO EN MÉXICO EN 2008 // Gonzalo Valdés Medellín

TEATRO EN MÉXICO EN 2008
Gonzalo Valdés Medellín
2008 fue un año azaroso para el teatro en México. Desde la defunción de varios de nuestros más destacados escritores y hombres de teatro, hasta la presencia internacional de protagonistas del ejercicio escénico del mundo, en México el teatro cobró una preponderancia decisiva tanto en su oferta como en su demanda. Muchísimas obras (que sería imposible eslabonar en este breve espacio) dieron la tónica de que el quehacer teatral (e incluso el dancístico) incide en la reafirmación de que sólo a través del arte –y su reflexión suscinta- podremos salir avante como una sociedad no maniatada a los colapsos del tiempo violento que azotan a nuestro país. Desde el fallecimiento –a finales de 2007- de dos de los protagonistas señeros del teatro mexicano de la segunda mitad del siglo XX, el dramaturgo y poeta Fernando Sánchez Mayáns y el director y maestro Dagoberto Guillaumain, parecían ya correr los advientos que presagiaban la muerte de quien será considerado, por mucho, el patriarca de la dramaturgia nacional: Emilio Carballido, a cuya muerte se sucederían las de Víctor Hugo Rascón Banda, motor de la difusión del teatro mexicano de nuestros días, la del poeta, dramaturgo y actor Alejandro Aura, la del creador del grupo Serendipity Jorge Ramos Zepeda y la del aún muy joven actor Evelio Arias (conocido popularmente como Evelio con V Chica) y Miguel Córcega, maestro, actor, director y protagonista constante de los mejores momentos de nuestra historia escénica… Todos, propositores y forjadores en su momento, tiempo y espacio, de indudables legados para el teatro en México. Cómo olvidar el enorme repertorio del maestro Carballido; las incisivas propuestas de Rascón; la pasión hecha poesía y hecha teatro de Aura o el ejemplo de defensa del género de los títeres de Ramos, o las actuaciones de Evelio Arias en A tu intocable persona (de quien esto redacta), La tarántula Art Noveau de Hugo Argüelles o El viaje superficial de Jorge Ibargüengoitia de quien, justamente este año se celebraron 80 de su natalicio con bombo y platillo, pero sin que las instituciones produjeran algún montaje a la altura de las circunstancias. Pero no obstante esta oleada de pérdidas lamentables para nuestro ámbito teatral, el cúmulo de propuestas de orden internacional no fue débil, si se toma en cuenta la visita a México del legendario Alexandro Jodorowski con la puesta de Sueño sin fin (por desgracia nada memorable)., dentro de las actividades del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México, en el que también fue posible ver un espectáculo profundo, hermoso y estremecedor, logrado con la poética propia del teatro de la crueldad de Artaud: Matadero. 6 del argentino Emilio García Whebbi y en donde brillaron con luz propia no sólo la destreza del creador y los textos artaudianos (aliados a la denuncia nunca lo suficientemente saciada) de las muertas de Juárez, sino las actuaciones de Héctor Martínez Tamez, en una memorable interpretación al lado de Lidia Margules. Gael García Bernal subió a escena con Together, basada en la película homónima dirigida en 2000 por Lukas Moodysson, con la compañía Vesturport Theatre Group, de Islandia, arremetiendo con una actuación sobresaliente. Tirant lo Blanc fue quizá uno de los montajes que, a nivel internacional dejaron huella en este año, con el grupo catalán Teatre Romea que también trajo el espléndido espectáculo Bartrian(n)a: Agustí Bartra: entre el amor y el exilio (para celebrar el Centenario de Bartra) así como La Plaza del Diamante con Ana Belén, conmemoración también del Centenario de Mercé Rodoreda; y Deutsches Theater Berlín presentó una polémcia versión La Orestiada de Esquilo, en el marco del 36 Festival Internacional Cervantino. Cabe también recordar la presencia de Peter Brook con su puesta en escena de El gran inquisidor y la de Eugenio Barba. Inmejorable La balada de Lucy Jordan de Frabrice Melquiot dirigida por Guy Delamotte. Como se ve, la apuesta internacional fue patente y cuantiosa en nuestro país en 2008, al grado que recientemente se ha estrenado en El gran canario del estadunidense Zach Helms, con las actuaciones de Diego Luna, Daniel Giménez Cacho y Bruno Bichir, bajo la dirección de John Malkovich. Once upon a time in west asphixia (o los hijos mirando al infierno) es la obra de una nueva autora hispana, Angélica Lidell, que fue dirigida con tino por Alonso Barrera. Y culminó la temporada de Pájaro negro, adaptación, actuación y dirección de Humberto Zurita a la obra del dramaturgo escocés David Harrower, con la actuación de Kate del Castillo. Concluyó la magnífica Susana Alexander su puesta de Cómo envejecer con Gracia, de Mayo Simon, junto a Blanca Sánchez. Javier Velázquez celebró 25 años de su monólogo El hombre de la rata. Y doña Teresa Selma prosiguió con La loca de Bouchot y La muerte burla burlando. Hombre tenía que ser escrita, actuada y dirigida por Thelma Dorantes retornó a nuestros escenarios, con la participación de Mario Ochoa., mientras Roberto D’Amico estrenó El rey, homenaje a José Alfredo Jiménez.. Fernando Martínez Monroy vio puesto su monólogo Asesinada por la vida: Frida dirigido por Marcial Salinas. Sergio de Bustamante se inspiró en El canto del cisne de Chéjov y ecribió La máscara del actor, dirigida por Josafat Luna y Héctor Martinez Tamez estrenó su Pastorela de los 7 pecados capitales. Se rindieron homenajes a Reymaldo Carballido, José Solé y Hugo Argüelles. Entre las obras de la dramaturgia nacional cabe mencionar los estrenos de La estación escrita y dirigida por Fernando de Ita. Disforia de Noé Morales Muñoz, dirigida por Edén Coronado. Y también de Morales Muñoz: Los prohombres bajo la dirección de Ginés Cruz. Esteban Castellanos continuó con su aventura de Los niños perdidos y estrenó Benito antes de Juárez, texto de Edgar Chías quien continuó con Crack o de las cosas sin nombre y Serial. Y Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio prefijó su idea del hombre contemporáneo en su pieza Civilización que él mismo dirigió. Estela Leñero estrenó Verónica en portada; Juliana Faesler prosiguió con su proyecto Nezahualcóyotl y durante la VI Muestra Nacional de Dramaturgia en Querétaro los talentos dramatúrgicos de Daniel Serrano con El carbón en la boca de Porcia y Conchi León con Todo lo que encontré en el agua signaron rutas de riqueza explorativa para el teatro mexicano de nuestros días. En el teatro para niños fue apreciable el esfuerzo de Luis Martín Solís con La legión de los enanos. No faltaron las obras poco logradas y entre ellas Rashid 9/11 de Jaime Chabaud se llevó la peor nota de todas, dirigida por Raúl Quintanilla. Algo similar ocurriría con La hija de Rapaccini de Octavio Paz que montó sin brío alguno Antonio Castro; o La vida es sueño de Calderón dirigida por Pedro Salazar, el sopor por la poesía, la insensibilidad por el teatro. Sin olvidar, claro, las pésimas puestas del D.F. de Carballido o los retruécanos telenoveleros de Pequeñas certezas, libreto de Bárbara Colio. En danza, los jóvenes grupos mexicanos Laleget Danza de Diego Vázquez y A poc A poc de Jaime Camarena, dieron una buena batalla con propuestas nuevas y brillantes. El teatro mexicano en esta ocasión cubrió muchas expectativas, desde luego, la pasión queda patente en cada empresa gozada con lujos o con austeridades. Esperemos que la calidad se imponga en el futuro. Calidad que creadores como David Olguín y Daniel Giménez Cacho con puestas como Persona de Ingmar Bergman. han impulsado la reciente creación de El Milagro, espacio alternativo que ha comenzado a laborar con empresas de calidad y trascendencia estética. Esperamos, así, que se eche a andar próximamente, ya, la Compañía Nacional de Teatro del INBA dirigida por Luis de Tavira. Y mientras tanto, tengamos presentes las palabras del maestro Luis Martín Garza, quien en noviembre pasado recibió la Medalla de Oro Bellas Artes en el marco de la Muestra Nacional por sus aportes al teatro, y quien manifestó: “El teatro sirve para explicarle al pueblo sus crisis. No ha habido una cruzada por la dramaturgia mexicana desde las instituciones. Eso habría que incentivarlo.” Palabras que inciden en que nuestra dramaturgia sigue sin ocupar el lugar preponderante que merece en el panorama total de nuestra cultura y que mientras no se tome conciencia de ello, el teatro que, decía Carballido, define el rostro de las naciones, apenas, si acaso estará definiendo en México un perfil en claroscuro. Esperemos que el 2009 sea mejor. Y de seguro lo será, porque eso sí, hay que aplaudir el talento del teatrista mexicano que es intenso, infatigable e indomeñable. ¡Venturoso 2009!

Domingo 3 de Enero de 2009.
"La Cultura en México" suplemento de Siempre!, presencia de México.